La columna de Roberto Merhi (Oschersleben-Nurburgring)
Escrito por admin el 7 octubre, 2009 – 3:41 pm -
El periplo Oschersleben-Nurburgring me ha dejado una sensación agridulce. Por un lado, fue fantástico retornar al podio en la primera cita, sin embargo, en la segunda, me pasó todo lo malo que te puede pasar: fallos mecánicos, errores propios… y mala suerte. Mucha mala suerte.
A Oschersleben llegué antes de lo habitual, ya que el miércoles ya estaba en la pista. El jueves me di mis vueltas de rigor a pie (con José Ramón acompañándome), y corriendo (sin él…), y rápidamente me di cuenta que el circuito realmente me gustaba. Es una de las pistas más técnicas en que he competido nunca, con gran variedad de curvas, y también una gran dificultad, a pesar que, la primera impresión que da, es la de ser un circuito de segunda división. Sin duda, engaña.
En calificación rápidamente encontré el ritmo, metiéndome en segunda fila. Los dos coches de ART, que coparon la primera, eran sencillamente inalcanzables. La realidad es que, a medida que avanza el año, cada día están más lejos de nosotros. No sé como pueden hacerlo realmente tan bien. Es sencillamente imposible aspirar a vencer en este campeonato si no estás al volante de unos de sus monoplazas.
La primera carrera arrancó bien para mí. Pude deshacerme de Vietoris en la salida, y luego incluso llegué a achuchar a Bottas, pero no había manera de superarle. De todas formas, no me podía quejar, volvía al podio, algo siempre muy gratificante, y además en una carrera de sábado, lo cual tiene mayor mérito. El domingo, saliendo sexto, tenía pocas opciones de llegar al cajón de nuevo, pero había que intentarlo. Tras la arrancada, arriesgué en la frenada para el ángulo a izquierdas de final de recta, y me salió bien, ya que pude adelantar dos plazas. A partir de ese momento la carrera se estabilizó. Al final, cuando saboreaba el cuarto puesto, me dieron el jarro de agua fría de la penalización (a toda la parrilla menos a Vietoris) con lo que perdía una posición y además, en vez de recortar dos puntos al alemán en la general, (yo le creía aún en una estéril séptima plaza) resulta que me metía cinco puntos él a mí… inaudito. Jamás había visto algo así en una carrera. Para poner la guinda al fin de semana, debo decir que José Ramón volvió a conducir el coche de alquiler… ¡y no rompió ningún retrovisor! Como premio le regalé la copa de mi tercer puesto en la carrera del sábado cuando nos despedíamos en Barajas, el rumbo a Asturias, y yo a Castellón.
En Nurburgring me pasó todo lo que no me había pasado en la temporada, incluidos dos fallos mecánicos y un error propio. Y eso que el fin de semana no había empezado nada mal, ya que en los libres estaba entre los mejores. Lejos de los ART, que copaban las tres primeras plazas, pero peleándome por ser el primer no ART. La alegría me duró poco. En lo entrenamientos oficiales, tras montar el primer juego de gomas era quinto, y tenía al alcance incluso la tercera plaza, pero con el segundo no pude bajar mis tiempos. Al poco de salir a pista se me soltó un retrovisor, que impactó con el ala trasera, dañándola ligeramente. Para remate, el juego de gomas no rindió como debiera, encontrándome con un coche que era imposible de mantener en pista.
El siguiente golpe de efecto negativo fue debido a un error propio. En esta ocasión, al contrario que sucediera en Zandvoort, donde fui sancionado de forma injusta, como muestran las imágenes de televisión, sí que me adelante al semáforo verde. No había apelación posible y me cayó una penalización que me mandó a la cola del grupo. El domingo, aunque sin mucha trascendencia, ya que partía diecisiete sin demasiadas esperanzas de llegar a la zona de puntos, y en el colmo de los colmos, se me rompió la suspensión trasera.
En fin, espero haber gastado toda la mala suerte del año en este meeting. Hasta septiembre no volveré a competir, será en Brands Hatch, un circuito con mucha historia en el que tengo ganas de estrenarme. Seguro que allí las cosas me van mucho mejor. Sigo sin poder brindaros esa primera victoria que he rozado en varias ocasiones, pero que se me resiste. Quizá sea en la próxima ocasión. ¡Un abrazo!
Roberto Merhi
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